Oscar A. Bottinelli

Los cuatro años iniciales del rectorado de Roberto Markarian marcan un camino que requiere su afirmación y profundización. Un elemento significativo es el conjunto de firmas que respaldan su reelección, que da cuenta de un apoyo plural en cuanto a concepciones universitarias e ideológicas y en cuanto a diversidad de perfiles académicos. Eso en sí mismo es una garantía de la amplitud de apoyo a su actual y a su futura gestión y de su capacidad para el diálogo y el entendimiento. Solo con mucho diálogo, acuerdos amplios y apoyos fuertes es que la Universidad puede afrontar los desafíos que tiene por delante.

Uno de los grandes avances de este primer periodo de gestión se ha dado en el campo de la extensión universitaria y su realización a partir de los propios servicios.  Porque la extensión es el gran enlace de la Universidad con la sociedad y es el cumplimiento de un objetivo sustancial: como decía don Carlos Quijano, “La Universidad es el país”

Uruguay afronta el riesgo de una fractura social, en el modelo que ha exhibido Latinoamérica a lo largo de décadas. Y una de las variable demostrativas de ello es la fractura del sistema educativo, que se evidencia con bastante fuerza en los niveles primario y secundario, en donde el quintil más rico de la población se vuelca a las instituciones privadas. Ese riesgo aparece en el nivel universitario con el avance de la matrícula de las instituciones privadas. Un gran desafío para la Universidad de la República es contestar esa amenaza -amenaza para el país- con el encare de una nueva Ley Orgánica y la afirmación de una universidad  omnicomprensiva de toda la sociedad, de todos sus estratos, que rescate el ser -en sustancia- La Universidad de toda la República. Un segundo periodo de Markarian es sin duda la mejor posibilidad para afrontar ese desafío y ese riesgo.

De paso, si los nombres hacen a la cosa, debe recuperarse el uso de la expresión Universidad de la República, y no la denominación “Udelar”, que minimiza la calidad de ser La Universidad y serlo de toda la República, no solo en lo geográfico, sino en la inclusión de todo el espectro social.


Henry Cohen

Había conocido muy someramente a Roberto Markarian antes de su llegada al rectorado. Me atraían su franqueza, su natural simpatía y, quizás, un cierto desparpajo que caracteriza su forma de expresarse. Una vez que asumió el cargo de rector de la UDELAR, tuve la oportunidad de conocerlo más y de compartir actividades relacionadas a la Universidad.

El primer acercamiento fue por el Proyecto ECHO, que ya había sido apoyado por su predecesor, el rector Rodrigo Arocena, y que requería profundizar el compromiso de la Universidad para intentar que sus objetivos de democratizar la asistencia médica y de desmonopolizar los conocimientos del personal de salud, trascendieran fronteras.
Markarian entendió con rapidez la esencia de nuestro proyecto: desde entonces lo apoyó fervientemente, y se convirtió en uno de los artífices, junto al decano Fernando Tomasina, de su crecimiento en Uruguay y en otros países de América Latina.

El otro tema que me dio la chance de conocer mejor a Markarian, y de aquilatar su trabajo como rector, fue su compromiso profundo (y asombroso para mí, siendo él un matemático), con la reconstrucción del Hospital de Clínicas.

Markarian me incluyó en el equipo de trabajo, a pesar de que yo no ocupaba ningún cargo en el cogobierno en ese momento y pude ser testigo del enorme esfuerzo que realizó para sacar al Hospital Universitario de la triste situación que arrastra desde hace años y que compromete seriamente la salud de todos los uruguayos. Lamentablemente, no pudo hacerlo realidad en este período, no por no haberlo intentado con esfuerzo, dedicación y flexibilidad, sino como consecuencia de la fuerte oposición que su proyecto tuvo dentro de la propia Universidad, así como a nivel político general.

Considero que el rector Markarian debe continuar otro período en su cargo y continuar llevando a cabo su trabajo incansable y comprometido con nuestra Universidad.


Luis Dufuur

Quien firma es delegado por la UdelaR ante al Consejo de Cine Universitario del Uruguay. Cuando asumí el cargo la institución atravesaba por una severa crisis y el Consejo Directivo entendió que era pertinente realizar contactos con la UdelaR y en particular con el novel Rector Dr. Roberto Markarian.

Es así como enviamos una comunicación con la finalidad de solicitar una reunión con el nuevo rector. La respuesta no se hizo esperar y pocos meses después el Dr. Markarian visitó las instalaciones de Cine Universitario del Uruguay. Dicha visita fue todo un suceso para la institución ya que era la primera vez que un Rector de la Universidad de la República (UdelaR) visitaba el lugar en los 65 años de actividad.

A partir de dicha visita, la UdelaR y Cine Universitario del Uruguay celebraron un convenio que tiene como objetivo acercar a Cine Universitario a la Universidad, fundamentalmente como tarea de extensión. El acto se desarrolló el 28 de diciembre de 2016 cuando Cine Universitario del Uruguay cumplía 66 años de existencia.

Es así como el convenio incluye, mediante el pago de una cuota muy económica, que estudiantes, egresados, funcionarios y docentes accedan a una programación de cine de calidad. Debo aclarar que el convenio es solo un apoyo institucional (no hay dinero de por medio).

El convenio nos ha permitido acercarnos a diversos servicios universitarios con lo cual ampliamos sustancialmente el padrón de socios.

Para finalizar, decimos que Cine Universitario del Uruguay y la UdelaR desarrollan, en silencio, una intensa actividad de extensión, charlas, foros debates y cursos sobre cine. En tal sentido no podemos dejar de destacar el apoyo del Dr. Markarian, quien ha manifestado desde el inicio de su gestión un firme interés por Cine Universitario del Uruguay, institución decana de los Cine-club en nuestro país.

Ante lo dicho, manifiesto mi apoyo a la candidatura del Dr. Markarian al cargo de Rector de la UdelaR.


Rafael Guarga

Apoyamos la reelección de Roberto Markarian como Rector de la Universidad de la República por un segundo período, por las siguientes razones.
1- Markarian es un destacado profesor e investigador de nuestra Universidad. Su producción científica en el área de la matemática es reconocida internacionalmente y hoy se resume en una decena de libros (en inglés, ruso y español) editados por las editoriales de mayor prestigio en la materia.
2- Markarian es un hombre comprometido con las mejores causas del pueblo uruguayo, lo cual le significó, en lo personal, varios años de presidio durante la dictadura que sufrió nuestro país.
3- En el ámbito universitario, Markarian ha sido un militante destacado y consecuente de la Feuu en tanto estudiante y en la Asociación de Docentes de nuestra Universidad, como docente de la misma.
4- En su rectorado, Markarian ha atendido con particular cuidado los aspectos académicos que conlleva la función rectoral impulsando, entre otros aspectos, la actualización del Estatuto del Personal Docente, y la departamentalización en
las sedes universitarias del interior del país.
5- En lo que refiere a la proyección regional de nuestra Universidad, Markarian ha impulsado decididamente, en su condición de Presidente de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo, la participación protagónica de la misma en la trascendente Conferencia Regional de Educación Superior realizada en el presente año en Córdoba, a los 100 años de la Reforma de Córdoba.


Mario Handler

Aún hoy, esta Universidad es la principal creadora de nuevos conocimientos en todos los campos, con personas egresadas que llevan adelante diversas profesiones en todos los ámbitos. Las personas más destacadas, también en todos los ámbitos, procuran ingresar como docentes a nuestra Universidad. La calidad de su egresados se observa a nivel nacional e internacional en diversas áreas profesionales y académicas. Y esto se ha logrado a partir de asumir que la Universidad es una tarea colectiva de alta calidad, que trabaja por un conocimiento con pertinencia social y cultural.

Claro, estamos llenos de problemas, de incapacidades y mediocridades, de gestiones erradas, lo que ya se sabe. Culpa mía y de todos, insatisfacción mía y de muchos; no sabemos mucho más allá de nuestros horizontes…

En estos momentos, en nuestra Universidad hay una propuesta de cambiar personas. Siempre es bueno cambiar, naturalmente. ¿Cambiar personas? ¿Al Rector y su equipo? Sí, claro, si fuera mejor. Sí, claro, si hubiera habido errores destructivos. No los hubo. Sí hubo capacidad de propuesta sobre problemas grandes de nuestra casa de estudios. Son esos problemas los que requieren soluciones bajo un principio de gestión ecuánime y sostenido en el tiempo. Hay momentos en donde hay que dejar hacer, sin apelar a dogmatismos, y alentados por una autonomía universitaria con raíces en los problemas actuales y futuros, y sujetos a un valioso principio de realidad. Hay que intentar…

Markarian conoce más que nadie la complicada y larga vida interna. Creemos que podrá cumplir como hasta ahora. Depende de si lo apoyamos y sobre todo si nos comprometemos.


Alejandro Maiche

Conocí a Roberto hace 4 años aproximadamente cuando nos presentó un amigo en común. Mantuvimos una breve reunión en su apartamento de la calle Durazno donde me preguntó incansablemente sobre el proceso de transformación aún reciente de la Facultad de Psicología. Recuerdo muy bien esa primera reunión porque me impresionó la correspondencia entre el apartamento y la persona. Roberto vive como es él: en un apartamento sencillo, limpio y abarrotado de libros. Enseguida noté que es un tipo franco y directo; con genuino interés en el conocimiento, fundamentalmente de lo que no sabe. Me quedó claro también que es un tipo que acumula diversas e intensas experiencias de vida, lo que le permite manejarse con soltura casi en cualquier situación.

Luego tuve el privilegio de conversar e intercambiar puntos de vista con él en varias oportunidades. Siempre me impresionó su capacidad de trabajo y la rapidez con la que entiende los temas, aun aquellos que están lejos de su expertise. Es una persona que no le tiene miedo a ningún tema, un libre pensador formado en el valor del conocimiento y el esfuerzo. Estos dos principios parecen haber guiado buena parte de su carrera y -seguramente- también de su vida. Me atrevería a decir que son los principios que han orientado este primer rectorado y por los que le gustaría ser recordado.

En mi opinión, Markarian logró en este primer período como rector poner sobre la mesa un conjunto de temas de esos que los universitarios solemos quejarnos, pero no cambiarlos. Se metió con el Hospital de Clínicas, con el Estatuto Docente, con el rol de la Extensión Universitaria, con la necesaria creación de nuevas Universidades Públicas bajo un sistema que garantice su calidad, entre otros. Es evidente que 3 años y poco de rectorado no son suficientes para lograr transformar cabalmente todos estos asuntos y, menos aún, si se parte de la premisa (in-negociable para él) de que estas transformaciones, para que perduren, necesitan de la construcción de amplias mayorías. Markarian no es alguien que quiera cambiar las cosas rápido ni fugazmente, sino alguien consciente de la necesidad de convencer y negociar. Por eso mismo, es un defensor a ultranza del cogobierno y un gran articulador de los equilibrios internos.

Todas estas características son las que me hacen apoyar su nombre para un segundo período como rector. Creo honestamente que este conjunto de características combinadas con la potencia que otorga un segundo mandato, son la mejor opción que tenemos los que queremos ver transformadas algunas de estas cosas de las que siempre nos quejamos pero nunca cambiamos. Por eso apoyo a Roberto Markarian para un segundo mandato al frente de la Universidad.


Atilio Morquio

La Universidad es una entidad altamente compleja. Forma los profesionales en todas las ramas del conocimiento, trasmite y desarrolla la cultura y la ciencia, se relaciona con la sociedad y con el conocimiento a nivel internacional.

Es autónoma y cogobernada, su Ley Orgánica y sus tradiciones democráticas establecen mecanismos de resolución que requieren participación y consensos amplios para llegar a tomar decisiones en los temas fundamentales.

Eso hace que quienes estén al frente de la misma deben poseer ciertas cualidades especiales.

Una de ellas es la de ser un muy destacado docente en las diversas actividades de la Universidad, investigación, enseñanza y extensión.

Otra cualidad imprescindible es el amplio conocimiento de la institución, la capacidad para recibir e incorporar diferentes visiones en los equipos de trabajo, generando acuerdos amplios que permitan realizar las principales transformaciones que ésta requiere.

En una sociedad y un mundo que cambian cada vez mas rápidamente las autoridades deben poder captar esos cambios y tomar las decisiones para que la Universidad continúe cumpliendo con la necesaria calidad sus funciones fundamentales. Con sensibilidad a los cambios apego a los principios y sin dejarse llevar por impulsos o novelerías. Con capacidad para elegir los temas mas importantes de la agenda valorando la importancia de los mismos, y la viabilidad y oportunidad para llevarlos adelante.

Entiendo además que es importante que las autoridades den continuidad al rumbo sustancialmente acertado que ha tenido la Universidad en las últimas décadas, sin perjuicio de adecuar o mejorar aspectos que la experiencia muestra que no han sido satisfactorios y que la proyecten hacía el futuro.

Creo que por su larga trayectoria universitaria y por los años que se ha desempeñado en el Rectorado Roberto Markarian reúne francamente estas cualidades y es quien se ajusta mejor en este momento a las necesidades de la institución para seguir avanzando.


Oscar Sarlo

He apoyado la postulación del Dr. Markarian para su primer mandato, y considero que ha trabajado mucho, con seriedad y parsimonia, respetando los distintos órdenes y “desórdenes” de la Universidad, esto es, los ámbitos descentralizados donde se desarrolla la actividad académica. Éstas son condiciones indispensables para el buen clima en nuestra Universidad. No pienso que sea el único capaz de hacerlo, pero creo que merece nuestro apoyo en su propósito de completar proyectos aún en curso.

Ha sido una larga tradición en nuestra Universidad el renovar la confianza a los rectores por un segundo período, para permitirles completar proyectos que difícilmente puedan cumplirse en un solo período.

En especial espero con expectativa, el avance de su propuesta para que la comunidad universitaria debata en torno a la idea de solidaridad, que creemos tan relevante para una sociedad que busca definir su identidad ante los desafíos que nos viene planteando esta sociedad de los pos: posmodernidad, posmarxismo, posverdad, y sobre todo POS (Point of Sail Terminals).


María Simon

Respaldo un nuevo período de Roberto Markarian; considero bueno que continúe en el rectorado porque cuatro años, a los efectos de la vida universitaria, es muy poco. Y creo que estos cuatro años han sido de una muy buena gestión, en varios sentidos. Entre ellos en priorizar adecuadamente y plantear presupuestos en forma muy clara, concisa y racional; que hayan sido satisfechos en una proporción muy baja es otra cosa. Precisamente, un rasgo a destacar es haber sabido conducir la institución en forma unida y fraterna en un contexto de escasez. Las discusiones fueron siempre francas y a veces apasionadas, buscando soluciones justas, y se laudaron con respeto. Un segundo rasgo relacionado pero diferente es haber sabido planificar y priorizar en un clima de incertidumbre, generado por un presupuesto casi año a año. En la incertidumbre es cuando planificar es más importante.

Valoro mucho la franqueza, el no esquivar las discusiones. A pesar de que los crecimientos presupuestales fueron muy pequeños, se discutió asignarlos a facultades; a veces, frente a recursos escasos, se prefiere asignarlos a proyectos generales y a término, para adoptar resoluciones menos controvertidas. Destinar el crecimiento a horas firmes que permiten proveer cargos en efectividad genera confianza en los docentes y en la universidad.

Se creó una imagen a priori de que el interior estaría menos atendido, y eso no es así en absoluto: en el interior se ha seguido avanzando, no tanto en cantidad como en el período de Arocena, porque entonces hubo recursos abundantes. En el presente período se propendió a consolidar lo existente, a mejorar la calidad, a crear una organización mucho más sólida, como es el caso de los departamentos.

La extensión, un tema que en la campaña había sido extremadamente debatido, se reorganizó adecuadamente y con acuerdos, generando un organismo central que coordine, no haciendo extensión él mismo sino estimulando una extensión enclavada en los servicios.

Se avanzó en los posgrados; se les asignaron más recursos; esto puede parecer dedicado a un grupo chico pero es estratégico porque contribuye a la calidad del cuerpo docente. La Asociación de Docentes estuvo de acuerdo en destinar una parte de lo que podría haber sido incremento salarial a becas para que los docentes hicieran sus posgrados. También hubo incremento del régimen de dedicación total, al que han accedido muchos docentes jóvenes.

Se está trabajando en el Estatuto del personal docente con especial ánimo de buscar acuerdos y lográndolos.

Además se constituyó un muy buen equipo de gestión, con los prorrectores, con el presidente de la Comisión Coordinadora del Interior, los directores de departamentos y otros organismos centrales, que está muy cerca de todas las facultades y colaborando activamente con ellas. Más aún, se trabajó en equipo con múltiples universitarios, sin tener en cuenta grupos o banderías internos o externos.

Por último, ha mostrado firmeza y solidaridad con respecto al ámbito nacional y en particular del sistema educativo y sus distintas instituciones y organismos.


Nicolás Wschebor

Conozco al Rector Markarian desde que lo tuve como profesor en un curso en primero de facultad. Desde entonces conocía su calidad y simpatía como docente. Más adelante tuve la oportunidad de tomar conocimiento de su trayectoria académica que lo colocan como uno de los principales referentes en su disciplina a nivel nacional y con un importante reconocimiento internacional. Un tiempo más tarde, cuando comencé mi militancia en la Asociación de Docentes de la Universidad de la República, tuve la oportunidad de conocerlo como militante y representante de los docentes en distintos organismos del cogobierno. Creo que no conozco ningún académico de su nivel que haya dedicado más esfuerzos a la construcción colectiva en la Asociación de Docentes. Nunca lo vi rehuir de una tarea por más ingrata que fuera con el fin de trabajar en conjunto y fortalecer a todo nivel el cogobierno y la participación. Su rol como representante del orden docente en la Comisión Programático-Presupuestal fue fundamental y su rol como representante de los docentes en el CDC fue clave en el logro de amplios acuerdos con miras a reformar en profundidad nuestra institución.

Este conocimiento fino de nuestra Universidad, de cada uno de sus rincones, esta experiencia en la búsqueda de acuerdos que son característica de un militante de primer nivel han sido fundamentales durante su primer rectorado. Sólo con esta experiencia de diálogo y búsqueda de acuerdos fue posible reformar el Estatuto del Personal Docente.

En mi opinión, es la reforma más importante que ha logrado nuestra institución desde la época de Maggiolo. Para el futuro, estas características del Rector también permiten augurar que proyectos en curso como la reforma del Hospital de Clínicas podrán llegar a buen puerto durante su segundo rectorado. Más aún, nos permiten ser más ambiciosos: sólo un Rector con este prestigio académico y este conocimiento fino de los hilos del funcionamiento de nuestra institución podrá lograr que nuestra Universidad logre proponer un proyecto de reforma de la Ley Orgánica universitaria. Por todos estos motivos, apoyo la reelección del Rector Roberto Markarian.


Vicente Cremanti

La autonomía universitaria no es una caracterísca exclusiva  de las instituciones de docencia superior de nuestra región. Tiene su origen en el nacimiento mismo de las Universidades medioevales, como afirmación de la independencia de la cultura frente al poder; en las primeras Universidades de Occidente, fundadas hace más de nueve siglos, docentes, estudiantes y egresados las defendieron repetidamente de los desbordes de poder de los príncipes seculares y eclesiásticos.

Las universidades se constituyeron en un lugar donde varias personas se reunían para recobrar y preservar el pasado, investigar el presente e imaginar el futuro. Eran comunidades de maestros y alumnos “universitas magistrorum et scholarium”, que integraban varias disciplinas del conocimiento “universitas scientiarum”.

En el contexto histórico medioeval fueron instituciones novedosas, ya que en la antigüedad greco romana existieron ciertamente sistemas educativos, pero no instituciones permanentes de formación superior; bien se ha dicho que las Universidades fueron, como los Parlamentos y las catedrales, productos típicos de la Edad Media; tenían, además, un carácter verdaderamente internacional; no pertenecían estrictamente a las naciones, sino a la Cristiandad; ya fueran originadas por una agrupación de profesores, como la de París, o por una agrupación de estudiantes, como la de Bolonia, gozaban del derecho de formar personas capacitadas para enseñar en cualquier lugar: el célebre “jus ubique docendi”.

Desde su origen, los universitarios fueron cuestionadores del poder: en el siglo XII los reclamos de algunos estudiantes ingleses de la Universidad de París llevaron a un éxodo que originó a la Universidad de Oxford, y en el siglo XIII una situación similar en la de Bolonia dio origen a la de Padua.

La autonomía de esas instituciones, que se forjó al amparo del cambio de los poderes políticos en la declinación del feudalismo, fue variando en la medida de la variación de las características de las propias instituciones docentes, según las estructuras sociales en que se insertaron; a las soluciones orgánicas con que en cada caso las Universidades resolvían su adecuación al cambio social, la literatura técnica las ha denominado “modelos de universidad” y así se habla de “modelo medioeval”, “modelo napoleónico”, o “modelo latinoamericano”.

Así la autonomía del modelo medioeval se fue desdibujando en Europa en los siglos siguientes bajo la influencia del centralismo absolutista; sin embargo, esa vieja tradición autonomista fue recibida por el espíritu libertario de las universidades españolas y trasmtida, en cierto modo, a las universidades hispanoamericanas en el período colonial.

Las primeras universidades de América son del siglo XVI: la de Santo Domingo, de 1538, la de San Marcos de Lima y la de México, de 1551; esta última tenía los privilegios y ex;enciones de la de Salamanca, que a su vez se había inspirado en la de Bolonia; la de Bogotá, de 1580 y la de Quito, de 1586. En nuestra región las más antiguas son del siglo XVII: la de Córdoba del Tucumán, de 1613, y la Real y Pontificia de San Francisco Javier de Chuquisaca, también llamada de Charcas, en el Alto Perú, de 1642.

Las universidades coloniales de la América Hispana, regidas por Órdenes religiosas, gozaron de amplia autonomía; en cambio, las fundadas en los primeros tiempos de la independencia adoptaron el modelo napoleónico, “L’Université Imperial”, por lo que sus programas eran establecidos por los Ministerios, quienes nombraban asimismo a los docentes.

El apartamiento de las tradiciones autonómicas de las universidades medioevales provocado por el modelo napoleónico de Universidad administrativa fue duradero, al punto de que una de las reivindicaciones del “mayo francés” de 1968 fue la autonomía y el cogobierno estudiantil.

En cambio, la autonomía universitaria fue consagrada en muchos países de América Latinaen la primera mitad del siglo XX, en particular después de la Reforma de Córdoba de 1918, aunque sufrió muchos retrocesos como consecuencia de la inestabilidad política de la región y de las intervenciones decretadas por los regímenes dictatoriales.

La mayor Universidad hispanoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1929 incorporó el principio a su propia denominación.

Distinta es la tradición de las universidades de la América británica, la primera de las cuales fue el Harvard College, de 1636, que otorgaba grados “pro modo academiarum in Anglia”; esas primeras instituciones surgieron a iniciativa de organizaciones religiosas, para formar “un clero letrado y con educación superior”; tuvieron un tipo de autonomía, pero en un contexto diferente.De hecho, a pesar de esa diferente tradición, las universidades norteamericanas han defendido la libertad académica; para Thomas Jefferson, fundador de la Universidad de Virginia a comienzos del siglo XIX, la Universidad debe basarse en la ilimitada libertad de la mente humana; debe actuar sin temores para buscar la verdad dondequiera que dicha búsqueda lleve, y debe tolerar el error toda vez que haya libertad para combatirlo. Asimismo Jefferson favoreció la participación de los estudiantes en la conducción de los asuntos universitarios, y el mismo criterio fue aplicado en la Antioch University, fundada en 1852, bajo la inspiración de Horace Mann.

Distinta es también la tradición del Brasil, donde no existieron universidades hasta comien-zos del siglo XX, ya que la enseñanza superior se impartía en facultades profesionales aisladas. Si bien existieron intentos de establecer algún tipo de autonomía desde 1911, la primera directriz general sobre enseñanza superior, el Estatuto de las Universidades Brasileñas de 1931, establecía en su exposición de motivos que por estar el régimen universitario “…en su fase naciente, intentando los primeros pasos y haciendo sus primeros ensayos de adaptación, no sería prudente ni seguro dar autonomía a las universidades”. A comienzos de la década de los 60, los estudiantes brasileños organizaron varios seminarios, en Bahía y en Paraná, con propuestas sobre la organización de las universidades. En esos
documentos “estaban mezcladas proposiciones del manifiesto de Córdoba y las doctrinas políticas de mayor aceptación […] principalmente el marxismo, el nacionalismo y el populismo, predominando una visión sincrética; respecto a la autonomía universitaria, las ideas predominantes en algunos intelectuales y en los estudiantes la consideraban un obstáculo para su proyecto de poner a la Universidad al servicio del pueblo”. No obstante, la aplicación del principio autonómico fue avanzando, pero, así como sucedió en los países hispanoamericanos, las universidades brasileñas vieron suprimidas sus autonomías como consecuencia de la dictadura, a partir del golpe de Estado de 1964.

La Constitución uruguaya de 1952 consagró expresamente la autonomía de la Udelar y fue reglamentada por la Ley Orgánica de 1958 que estableció el más amplio régimen de descentralización de nuestro sistema jurídico.

Durante los dieciocho años que integré la Comisión Central de Asuntos Docentes y desde mis cargos de Presidente de Bienestar Universitario y miembro del Consejo de la Facultad de Derecho y del CDC, pude comprobar que el doctor Roberto Markarián dio muestra, en muchas oportunidades, como docente, consejero y Rector, de la defensa de la autonomía universitaria, por lo que apoyo sin reservas su postulación para la próxima instancia electoral.